Un consenso excluyente no puede llamarse consenso. Si al #consensodeminimos.
Desde que empezamos a hablar de #consensodeminimos hace ya unos cuantos días la mayoría teníamos claro qué es lo que significa, pero sigue habiendo mucha confusión. Mi intención es explicar qué entiendo que significa, por qué llevo días intentando abogar por él hasta el punto de haber abierto una web junto a @eddiedean y cual es el error en el que creo que muchos están cayendo.
Yo desde el principio he tenido claro que para que funcione y se pueda hacer un cambio esto tiene que trascender a ideologías y casos particulares. Tenemos que ir hacia atrás, de cada individuo, quitando capas hasta llegar a algo que pueda contentar a todos y que sirva para sentar las bases de un sistema nuevo y mejor.
El consenso de mínimos es allanar el terreno y cimentar. Y en base a ello, discutir sobre el color de las cortinas es, a mi juicio, una pérdida de tiempo.
Todos y cada uno de nosotros tenemos unas ideas y un pensamiento, el consenso de mínimos debe buscar lo que tenemos en común, una intersección no nula, y eso implica que tiene que ser simple, escueto, directo, claro y estar por encima de ideologías.
El consenso de mínimos no debe decir cómo conseguirlo, debe decir qué es lo que se quiere conseguir. Y una vez se consigue se puede seguir desarrollando.
Hay quien cree que hay que buscar un “consenso de máximos” sin darse cuenta de que al hacer eso empiezan a salir punta a las diferencias y entonces el consenso deja de serlo. Aparecen voces disidentes y la escora ideológica y todo se va al garete.
Lo sencillo suele funcionar. Cuanto más simple sea, por tanto, a mayor cantidad de gente podrá aglutinar. No puedes convencer a alguien de ideología opuesta a la tuya de que firme una ILP en favor de medidas que le excluyen. Hay que ser honestos, consenso significa estar de acuerdo y estar de acuerdo significa ceder un poco.
Y aquí viene de nuevo la clave: cuanto más sencillos, menos hay que ceder, porque al ser la intersección no nula, todos estamos ya de facto de acuerdo o casi de acuerdo.
Por ejemplo, decir que el sistema tiene que prohibir los toros. Vale, yo estoy de acuerdo en eso. Pero me parece que eso es escoger cortinas y excluir a toda esa gente que, esté o no equivocada, apoya los toros, y estaríamos perdiendo un gran consenso social por una cuestión menor.
¿Qué le hace falta al sistema para poder empezar a sanearse, mejorar y poder llegar algún día a sentirnos contentos con él?
La inmensa mayoría de consensos de mínimos que he visto suelen hablar de la ley electoral, de la integridad de la clase política, de la separación de poderes… Son cosas genéricas, sí, y no deben decir cómo o en qué modo hacerlo sino simplemente ¡eh, hay un problema, queremos resolverlo! Y entonces nos ponemos a ello.
Pero si nos empeñamos en ese “consenso de máximos” acabaremos como siempre en cualquier disputa de bar. Perdiendo el tiempo en gallineros en vez de en un debate sano, sin sesgo político-ideológico y con una utilidad práctica.
Está bien fomentar el debate y discutir sobre cualquier plano de la política, es sano sí, pero en este momento no tiene ninguna utilidad práctica y si de verdad queremos algo que sea plasmable y cambiar el sistema todos tenemos que buscar la manera de ceder un poco y ceder significa no tirar de la cuerda cuando los otros aflojan.
Mucha gente estamos trabajando en este tema y creo que podemos lograr algo más, algo útil.
Ahora mucha gente recela del consensodemínimos. He llegado a leer cosas tan absurdas como que reformar la ley electoral le interesa al PSOE (sí, sí, como leéis) y que hay que recuperar los 8 puntos que “nos sacaron a la calle”.
Yo me he aburrido de decir que yo salí a representarme a mí mismo. A mí nadie me sacó a la calle bajo ningún manifiesto y que creo que es fundamental mantener la representatividad en cada uno, porque las asociaciones pueden dar bandazos, pero uno debe mantenerse firme y perseguir el objetivo.
Señores, el consenso de mínimos busca incluir a la mayor cantidad de gente posible para tener un punto de partida. Esto no va a devolver el trabajo a 5 millones de parados ni hacer que la gente que pasa hambre vaya a tener llena la despensa. Al menos no inmediatamente, pero es un buen comienzo. Y os doy mi punto de vista sobre por qué:
Reformar la ley electoral permitirá acceder a partidos minoritarios al poder. Gente que no ha tenido ocasión de gobernar y que puede que lo haga peor o mejor, pero al menos no será un bipartidismo ad eternum. Por otro lado, está el tema de la justicia de que todos los votos valgan lo mismo.
Pero en esencia, que haya alternancia política favorece que los políticos se lo curren en vez de apoltronarse porque total lo hagan bien o lo hagan mal (y esto enlaza con la responsabilidad política y demás) van a seguir en la poltrona.
La democracia participativa provocará por un lado que no se instale esa desazón que promueve el absentismo y que se basa en la idea de “total, para qué voy a votar si me van a putear igualmente”. Soltar una papeleta cada 1500 días no nos hace democracia ni nos hace demócratas. Recuerden que el hábito no hace al monje. La democracia hay que currársela a diario, la política es responsabilidad de todos y si hacemos dejación de esa responsabilidad entonces fomentamos actitudes negativas y delictivas como la corrupción.
Una democracia participativa permitiría poder decirle a un político en medio de su mandato lo que el pueblo desea. Entre otras muchas cosas. Por ejemplo, en una democracia participativa a lo mejor no nos habríamos comido las últimas dos reformas laborales.
La independencia del poder judicial ayudará enormemente en el punto anterior, a limpiar la política, y a favorecer intereses fácticos y grupos de presión relacionados con el ejecutivo, por ejemplo. Menos corrupción, en definitiva.
Y con este abono plantado ya podemos empezar a lo mejor a pensar en qué vamos a plantar si frutales u hortalizas. Pero no tiene sentido ponernos a luchar para que baje el transporte público o para que quiten los toros. Porque lo prioritario es conseguir por un lado una democracia real (¿se olvidaron ya del nombre?) y resolver problemas sí, pero no como hasta ahora.
No podemos entrar en la dinámica de lo urgente antes de lo importante. Eso es lo que hacen los políticos y así nos va. Es fundamental acometer la reforma integral y después con el terreno adecuado ya se puede trabajar sobre el resto.
El #consensodeminimos no es un fin es un punto de partida. Cuanto más simple, mejor. Y una vez estemos rodando discutimos si queremos el AVE más barato o si queremos cargarnos las corridas de toros.