Por qué (creo que) esta vez sí
Oyendo hablar un hombre, fácil es saber donde vio la luz del sol. Si alaba Inglaterra, será inglés Si os habla mal de Prusia, es un francés y si habla mal de España… es español. Joaquín M. Bartrina
Tenemos tan asumido eso de darnos palos entre nosotros y a nosotros mismos que ya no solo no nos sorprende, sino que hasta casi lo consideramos parte indispensable de nuestra forma de entender el mundo. Y lo que está ocurriendo estos días es tan atípico que parece que décadas después va a ser cierto aquello que de que a España no la va a reconocer ni la madre que la parió.
Yo he nacido con la democracia establecida y no he conocido los tiempos de la dictadura por lo que no me corresponde a mí juzgarlos. Lo que sí sé es que la generación que me precede y los que fueron sus padres, es decir, los que son mis abuelos, vivieron la época de la transición a algo nuevo, algo mejor, llamado democracia e intentaron, a su manera, llevar a este país hacia un contexto donde se respetara la libertad y los derechos fundamentales. Y en gran medida lo lograron.
Sin embargo, en mi humilde opinión, aquella democracia que nació con las primeras generales y que se consolidó con la Constitución de 1978 era algo que apremiaba por las circunstancias, algo que había que hacer y que había que hacer cuanto antes. Una democracia que tiene muchos defectos y que debe ser corregida haciendo uso de los mecanismos que la propia democracia contempla.
Al final, lo que cuenta es la libertad individual y los derechos de las personas y todo lo que sea ir en dirección de mejorarlo debe ser abrazado y perseguido para conseguirlo cuanto antes.
¿Qué ha pasado? Pues que aquella “inocente” democracia que nació hace 33 años ya dejó la adolescencia y ahora se encuentra empezando su madurez, y empezamos a darnos cuenta de que hemos crecido y la camisa se nos ha hecho pequeña, y ya tiene estirones y manchas que hay que remendar. Y eso es lo que hace falta.
Durante mucho tiempo y hasta hoy han permanecido ideas en el sustrato democrático español y en algo que podríamos llamar, los axiomas de nuestro sistema político, cosas que parecen inamovibles por mucho que uno se empecine en cambiarlas. Es el caso de las dos Españas de las que hablaba Antonio Machado:
Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
Parece que hoy, Mayo de 2011 a nadie le sorprenda que sigamos todavía escuchando estas cosas y nos suenen a algo tan reciente. Y no es porque la historia se repita cíclicamente. Es que en realidad nunca se ha ido. Esto ha permanecido ahí, inamovible, desde hace siglos ya, y ya va siendo hora de dar un paso adelante. De quitarnos los complejos, de dejar de creernos que los españoles somos un país de vándalos y de vagos que no pueden hacer nada por cambiar su destino. Va siendo hora de coger el toro por los cuernos y plantarle cara.
Hora de sincerarnos, de dejar viejos fantasmas atrás que solo sirven para acumular odio y revanchismo por cosas que pocos de los que estamos vivos han vivido, hay que olvidar todo aquello y terminar lo que nuestros padres empezaron en los 70.
Por eso necesitamos una nueva democracia, donde todo el mundo sienta que tiene su lugar, donde nadie dé por hecho que la “picaresca española” y el tráfico de influencias es la manera de conseguirlo todo. Para que nadie se meta a cargo público para poder mangonear todo lo posible. No. Necesitamos una conciencia democrática de verdad.
Nos han cultivado un temor en el cuerpo que nos hace desconfiar de absolutamente todo. De otro modo no se explica tanto interés por encontrar quién mueve a la gente para que salga a manifestarse contra esta democracia que ya no nos gusta en los términos en los que algunos la plantean.
No son capaces de entender que una masa heterogénea de miles de desconocidos vayan como hermanos a manifestarse de forma completamente pacífica, con un buen ambiente impresionante y enarbolando únicamente valores muy positivos.
Señores, nadie está pidiendo que nos regalen nada. No necesitamos subsidios ni necesitamos caridad. Necesitamos algo mucho más primario: poder sanear el sistema para que todos tengamos un hueco y para que eso que suena tan bien de la igualdad de oportunidades sea cierta. Necesitamos tener unos políticos que estén ahí porque tienen experiencia que aportar y porque estén convencidos de servir al pueblo. No necesitamos gente que quiera vivir a todo tren a costa del ciudadano. Eso debe quedar atrás en la historia. Neceistamos, a fin de cuentas, un poco de higiene democrática.
Yo llevaba mucho tiempo escuchando ese run-run en la gente, ese malestar, ese modo de callar de forma sumisa cuando te hacen daño, cuando poco a poco vas perdiendo todo lo que se ha ido consiguiendo. Y si hemos aguantado hasta hoy es porque a diferencia de nuestros hermanos de áfrica del norte, no vivíamos tan mal. Teníamos la posibilidad de berrear en el tuiter, de arreglar el país (sic) en los bares, de quejarnos, pero mal que peor, vivíamos y tirábamos adelante pensando que la crisis es como un terremoto, algo exógeno al sistema y que es imposible de hacer otra cosa que esperar a que todo cambie espontáneamente.
Estábamos dormidos porque era cómodo. De otro modo, es inexplicable que hayamos aguantado tantos atropellos. Que nos hallamos guardado tantas y tantas cosas que únicamente han sembrado desesperanza.
Que hayamos aceptado tácitamente que mi generación, que hemos ido a la universidad, que estamos sobradamente preparados, tengamos que estar sobrecualificados o emigrar. Aceptar como que España tiene una enfermedad incurable, y que hay que huir del barco, sin más.
Y lo que estos días ha pasado no es más que ese vaso que todos hemos ido colmando, se ha desbordado. Y lejos de optar por la vía violenta, hemos decidido salir a las calles a reclamar nuestro derecho, de forma pacífica, de forma democrática, haciendo bien las cosas, con calma y cuidado, para no cometer los mismos errores.
Hoy, 30 años después, vuelve a ser tiempo para la democracia. Y esto no es una patata caliente como quieren ver los partidos políticos. No somos gente descontrolada. No somos violentos que vayan a volcar contenedores para quemarlos. Somos gente con la suficiente cabeza como para saber los pasos que hay que dar. Solo necesitamos que el resto de la gente se sacuda las legañas de ese mal sueño en el que nos han metido, que nos han impuesto, y decidamos entre todos hacia dónde queremos ir.
Porque yo me niego a creer que toda esa gente que llena los estadios de los mítines de verdad piense que los del partido contrario sus vecinos, sus hermanos, sus compañeros de trabajo son el diablo en persona. Me resisto a creer que la disputa ideológica tenga cabida en este siglo.
No. Tenemos que dejar de creer en viejas armas y viejas herramientas que cumplieron su función pero que ya están más que caducadas. Tenemos que refundarnos a nosotros mismos y quitarnos de encima todos esos fantasmas.
Es una cuestión ética, moral, de honradez, de coherencia, de pensamiento… Pero no es una lucha pasional de confrontación de ideas. No se trata de confrontar, se trata de unir. De ver lo que todos tenemos en común y construir algo que nos guste a todos en lugar de tener que tragarnos algo que solo nos gusta a medias solo para evitar, en un alarde de revanchismo, que los otros ganen y sea como a ellos les guste.
No podemos aceptar listas de partidos con imputados por delitos y dormir tranquilos. Nos hace falta en ese caso responsabilidad democrática. Higiene, de nuevo. Porque si alguien deposita una papeleta de una lista manchada es porque tiene mucho miedo, es casi un voto coaccionado, coaccionado por el miedo que les han metido a que “los otros” puedan ganar.
No señores, desengáñense de una vez. No hay un “otros”. Aquí somos todos, ciudadanos, todos con los mismos derechos, todos con las mismas ganas de poder vivir bien, de poder tener educación, salud, trabajo, vivienda, etcétera. El resto, las cosas que puedan diferenciarse son florituras, adornos, accesorios que quedan bien para un mitin pero que no tienen mucho sentido práctico.
Esto no va a terminar el domingo 22. Porque este domingo no se va a arreglar nada. Y tal vez cueste tiempo demostrar a todo el mundo que no hay nadie detrás manipulando todo esto y que si lo hay no se le va a permitir tomar la voz cantante porque no somos borregos, no somos una masa tonta.
Y yo creo que esta vez vamos a triunfar. Porque ahora no puede venir un medio de comunicación a inventarse de qué va esto porque esto se cuenta en primera persona, en vivo y en directo por los protagonistas. Aquí ya no puede venir la policía y romper dos cámaras y silenciarlo. No. Esto ocurre y nadie lo puede parar. Desborda por todos lados y les es incontrolable. Ahora la manifestación ocurre en la calle pero es seguida por internet por todo el mundo y eso mantiene la llama viva, evita que se apague, infunde esperanzas, ilusiones y deseo a todo el mundo.
No pueden exigir, señores tertulianos de la generación de mis padres, que nosotros os arreglemos el estropicio de décadas en cuatro días cuando ni ustedes ni el FMI ni la ONU ni el sunsun corda lo han arreglado en años. No nos lo pueden exigir. Pero nosotros vamos a hacer todo lo posible por llegar hacia eso que todos deseamos, hacia un sistema que no deje tirado a nadie. Hacia un sistema donde todos, de verdad, y esta vez sí y sin miedos, tengamos sitio.
Por eso esta vez sí va a ganar la democracia. Porque creemos en una democracia real, participativa, directa, donde puedas elegir a tus dirigentes, donde tu voto valga igual que el mío, donde los políticos no se enriquezcan ilícitamente, donde se puedan exigir responsabilidades y no se establezcan dictablandas de 1500 días. Esa es la democracia que yo quiero.
Y por eso salgo a la calle. Por eso nadie me va a quitar, mientras tenga voz, mi derecho a gritarlo a los cuatro vientos. Porque yo ya no tengo miedo. Ya me quité esos fantasmas.
Señores, es su turno. Les corresponde a ustedes decidir.
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Todas estas fotos las he hecho en Sol estos días. Si quieres usarlas, tienen licencia Creative Commons, más en mi flickr.







